Blogia

das Mystische 2.1

Insomnio

Acostumbrado al sueño, en el tráfico abierto de sueños despiertos y sueños dormidos, me veo a mí mismo desde la altura de la incapacidad y de la insustancialidad más absoluta. Que me perdonen a un tiempo los coautores del plan de evasión y los arquitectos de la mesa de negociaciones, pero hoy estoy lúcido; no hay más remedio. Y la luz que veo al fondo, al final del pasillo, no es la visión mística y equilibrada que nos acompaña en la vigilia, ni el juego habitual de la memoria, sino una luz mucho más familiar y hogareña, una luz producto del cansancio y el olvido.

Es decir: la luz doméstica del baño.

Y es que el pequeño se levantó a mear y la dejó encendida.

(La Maga, a la salida del Alphaville, fue contundente. ¿Qué tengo que ver yo –me preguntó con la mirada- con un grupo de burgueses europeos que, a través de su paso por todos los "ismos" posibles, (marxismo, trotskysmo, existencialismo, estructuralismo) han acabado cómodamente instalados en el cretinismo? ¿Qué tengo que ver yo con la "alta cultura", con ese profesor universitario políticamente incorrecto, supuestamente progresista? ¿Qué tengo que ver yo con ese tiburón del capitalismo (su hijo) que, ante la mirada divertida de los cretinos, lo compra todo con dinero? El caso es que le prometí a La Maga una noche divertida y no se me ocurrió otra cosa que sacar un par de entradas para Las Invasiones Bárbaras, de Denys Arcand; y, claro está, La Maga no tiene tiempo que perder leyendo a Cioran (ni falta que le hace) porque habitualmente tiene todo su tiempo ocupado (lo suyo es la limpieza filosófica) y un burgués que se suicida placidamente en una casa de campo, a orillas de un lago, y gracias a la heroína que le proporciona una heroinómana (tan burguesa como el protagonista), en opinión de La Maga, no es una historia triste. Al menos, no tan triste como otras historias. Y por ello, La Maga, a la salida del cine, ha sido tan contundente: eres un idiota, me ha parecido que decía en el momento justo en que encendía un cigarrillo. Y lo peor es la sensación que te deja (el sabor a tierra del beso), cuando en medio de la noche, con los ojos bien abiertos, estoy de acuerdo con ella.)

FUNDAMENTO:

Al igual que la energía, la idiotez nunca desaparece, más bien se transforma.

Rosa Montero.

A propósito de la Historia de un idiota, de Félix de Azúa, que, a falta de ansiolíticos, me acompaña siempre en las noches de insomnio.

Ascendente y descendente

Cierto desorden genético.

Como en una instantánea: en la fábrica, en la plaza (proclamando la República), frente a un televisor apagado.

Me hablan, pero no entiendo nada; me mandan, pero no respondo. Me comporto civilizadamente, eso sí, como no podía ser menos, pero sin trasmitir afectos, sin apenas exageraciones.

Es decir, ascendente y descendente, aprendiendo de nuevo (en su corazón, todo lo aislado del universo que es posible, están los giroscópios).

Como un buzo prenatal bajo el diluvio: aunque estoy disponible, nunca estoy presente.

La Orden del Fénix

Y fue entonces cuando a Tony le dio por el salmorejo y por leer Filosofía (sobre todo a Federico, un estibador de los muelles de Hamburgo admirador de Einstürzende Neubauten), toda vez que la Tercera Esquina de su amigo Anthony ya sólo le provocaba jaquecas y que la ginebra que servían en el Consulado de California –una extraña mezcla de jugo de maíz transgénico y agua pesada- era como el peor detergente de Marsella. ¿Llegaba a su fin la carrera diplomática –se preguntaban los analistas- de un hombre bueno, de un cristiano carismático? ¿Era la tierra redonda también para los mentirosos? ¿Podría seguir leyendo a Chesterton y a John Keats, allá en el destierro? Tony no sabía cómo explicar a los suyos (a los chicos de Hogwarts) lo de los informes falsos: esa manipulación de la magia a años luz del famoso fair-play británico; ni lo de la mostaza de Dijón caducada (otra jugada más de los Servicios Secretos), ni lo del primo exhibicionista y pendenciero de Lawrence de Arabia. Y es que las cosas estaban ciertamente difíciles; algunos amigos de Tony ya habían sufrido en sus carnes la incomprensión desmedida del populacho, la ingratitud congestionada de la plebe, y Tony, que además de gran político no tenía un pelo de tonto, ahora sentía miedo. “A veces -le dijo una mañana a Cherie, mientras ésta preparaba los huevos y el bacon para el desayuno- necesitamos la ceguera y debemos permitir que ciertos errores y artículos de fe permanezcan intactos en nosotros mientras nos mantengan en vida”; y Cherie comprendió al instante que su marido estaba pensando en el cargo (mejor dicho: en cómo salvar el cargo), que leía cosas rarísimas y además en alemán, como su lejano primo Otto, y que, si nada ni nadie lo remediaba, iba a ser despedido. En otra ocasión, durante la temporada de lluvias (cuando las imitadoras de Victoria Adams se concentran en Picadilly para mostrar sus encantos), Tony salió del baño con un desatascador en la mano, dando voces como un quijote de Liverpool, y gritando: “debemos amar y cultivar el error: es la madre del conocimiento”; a lo que Cherie, arrebatándole el desatascador, aprovechó para escribir sus memorias y las memorias de su marido, ambas a un tiempo, anticipándose quizás al oscuro futuro que les esperaba, a la consumación de un sueño, mientras susurraba la versión en arameo del My Generation de The Who (eso sí, en una copia grabada en directo), y atacaba apretando con fuerza, como aprietan los ángeles malditos, la mierda acumulada en el fregadero.

Círculo

A partir de ahora, en este cuaderno, luce un sol de collage sobre madera del artista y ser humano Cayetano Lupeña; es decir: luce un sol estupendo. O también: las cosas se van aclarando, desocultando, esclareciendo.

Esferas. Círculos y Esferas.

Un abrazo, Cayetano.

FUNDAMENTO:

Este cuaderno electrónico carece de fundamento. No se trata, como alguien ha señalado, de una aproximación a la obra del filósofo Ludwig Wittgenstein, ni se basa, en principio, en ninguna de sus interesantes propuestas éticas o estéticas. El título del cuaderno y las citas que se incorporaron al mismo en su nacimiento son pura coincidencia temporal de lecturas y estados de ánimo. Como le dije en una ocasión a María: por ahí me escapo un poco; pero también trabajando en los temas de siempre, en las obsesiones de siempre, en los escritores preferidos de siempre, con mis amigos (espero) de siempre. Todo esto y más en el ejercicio terapéutico de la escritura, en su ejecución obstinada.

(Como recuerda Isidoro Reguera: con la misma obstinación con la que el ordenador de Stanislaw Lem se negaba a hablar con alguien que no fuera el “señor Wittgenstein”.)

Diálogo

El gusto es mío, pero también la equivocación y el esfuerzo. Pero no conviene abusar de ciertos términos o conceptos porque al final se acaba padeciendo un involuntario ejercicio de deconstrucción y las palabras empleadas indiscriminadamente ya no significan nada; el poeta del romanticismo utilizaba la poesía para curar las heridas producidas por la Razón, pero no está de más, en algunas ocasiones, utilizar la Razón para curar las heridas producidas por el poeta romántico.

A cada día diferente le corresponde un carácter diferente; pero la suma de los días no da como producto un carácter definido sino el resultado de todos los caracteres ridículos que se han ido sucediendo a lo largo de nuestros días. Yo también soy el dentista, el bombero y el psicólogo y soy tan culpable como mi vecino de utilizar la misma máquina imposible que mi vecino, de consumir el mismo preservativo profiláctico que mi vecino, de leer, cuando en otoño se apagan las luces, la misma poesía incomprensible que mi vecino. Poesía del romanticismo, por cierto. De algunos filósofos (por incomprensibles) mejor ni hablamos.

A mi lado, no lo olvidemos, una persona desconocida me acompaña y aparentemente tampoco significa nada. En el proceso diario de deconstrucción a la que se ve sometida aparece como una sombra difusa, difuminada por líquidos químicos y teorías conspirativas mucho más efectistas que efectivas. Juntos caminamos por pasillos iluminados artificialmente y a veces sonreímos porque sabemos que la vida carece de sentido. Aunque también sabemos que vivirla resulta maravilloso, que recorrer esos pasillos iluminados artificialmente resulta maravilloso, y que por eso mismo caminamos juntos y sonreímos o nos enfrentamos y maldecimos a los dioses juntos; y nos esforzamos y equivocamos siempre juntos, iluminados por luces artificiales o ensombrecidos por lo común y lo cotidiano, en una danza sin sentido donde todos bailamos sin sentido, como los dichosos poetas románticos, en una fiesta divertida donde, a pesar de los pesares, continuamos vivos.

El juego de esta noche

Aplicar, en el proceso de comprensión del mundo, los movimientos de eliminación necesarios para el descubrimiento de su verdadera identidad física. En otras palabras: inseguridad, globalización, humanidad y justicia.

Para ello, modificar algunos elementos de la lectura.

(En la historia de la pintura moderna –escribe Arthur C. Danto en Abstracción, uno de los ensayos incluidos en La Madonna del Futuro- un desmantelamiento regresivo y sistemático de todo el sistema de los mecanismos inventados a lo largo de siglos para hacer convincentes las representaciones pictóricas concluye con la revelación del lienzo como tejido mediante la técnica del acuchillamiento. El lienzo monocromo –explica Danto-, es el estadio final de este procedimiento colectivo de despictorialización hasta que a alguien se le ocurra atacar físicamente el propio lienzo acuchillándolo.)

En otras palabras: del mundo de las necesidades comunes. Imaginando, eso sí, el mundo como un lienzo monocorde; un mundo monocorde que precisa, para su total comprensión, de un navajazo definitivo.

El cuerpo negro

Todo el mundo sabe que la superficie de un cuerpo negro es un caso límite, una aventura extrema donde toda la energía incidente desde el exterior es absorbida, y toda la energía incidente desde el interior es emitida. Pero todo el mundo sabe, igualmente, que un cuerpo negro no es más que una simple metáfora, que un cuerpo negro es un objeto ideal que no existe en la naturaleza. Aunque sería más exacto decir que en la naturaleza no existen cuerpos negros perfectos, auténticos cuerpos negros, porque todos hemos estado alguna vez ante la presencia indescriptible de un cuerpo negro imperfecto, lo hemos reconocido al instante, y todos hemos sentido ante ese cuerpo la tentación de amarlo o estrangularlo al instante. Esto, me dicen, es lo propio de los cuerpos negros imperfectos: acumular y dosificar la energía, distribuir el odio y la mala leche. Y nosotros mismos, me comentan, somos cuerpos negros imperfectos pero no estamos presentes en la naturaleza porque somos imperfectos, o al menos eso creemos; porque en la naturaleza, pensamos, sólo está presente el otro cuerpo negro.

Yo mismo –tan negro y corpóreo como todos los cuerpos- conozco un cuerpo negro maravilloso. He recorrido con él medio mundo, hemos rezado juntos, luchado juntos, hemos soñado y firmado contratos juntos; pero al final, como todos los cuerpos negros, nos hemos estrellado. Como todas las estrellas del rock, que también son cuerpos negros, como todas las estrellas infinitas y los pobres inocentes sin estrella. Aunque eso sí, hemos dejado muy alto el pabellón de los cuerpos negros. En una ocasión, por ejemplo, hace ahora muchos años, subimos una sierra nevada para ver el faro de África y luego escribir un poema; pero un romano con Ray-Ban, Marlboro y sandalias no es ni de lejos una presencia perfecta: es sólo un flashback; y un romano como éste que se cae por las laderas de la sierra no significa ni mucho menos la caída del Imperio Romano; ni tan siquiera una mala versión gore de la persecución de Espartaco. Aunque te mueras de risa, como siempre que alguien se resbala o se despeña, esa risa no dura toda la vida: cuando se acaba la risa se agota la energía, es lo propio de los cuerpos negros imperfectos. Y agotada la risa ya nada tiene sentido; ya pueden caerse los romanos, absorbidos o emitidos por situaciones límite, que nada tiene sentido. Tu cuerpo y el otro cuerpo negro han perdido su significado. Las Drogas, el Amor, la Familia y los Impuestos son también cuerpos negros.

Muy lejos

Al lujo popular que se amotina soñando minotauros, más técnico o argot galimatías del irse de varas. Jeringonza de altos vuelos con los bolsillos vacíos: sangre española; al menos popular en mi manzana, un agujero de velas donde toman el aperitivo todos los anarquistas borrachos.

Sí, dije bien, una palabra antigua: intelectuales del andamio amenazados de muerte.

Ya se sabe:

El monstruo en su laberinto; y el tonto en su lío.

José Bergamín.

La música callada del toreo.

Autodefensa

Luce el sol con fuerza. Las nubes blancas, las más inofensivas, han desaparecido. Vuelve también con fuerza el olor de la tierra seca, los campos de cultivo abandonados, las viejas fábricas y los edificios en ruinas. El rostro que se refleja en los cristales es el mío pero también podría ser el de cualquier desconocido. Vibra con fuerza: es muy extraño. También desaparece el miedo, sustituido por una ligera presión en la boca del estómago y una sucesión desafortunada de bostezos. ¿Ansiedad? ¿Acaso sueño? En el trayecto de la subsistencia: Jean Baudrillard y la Violencia de lo Global. Una autopista francesa que dibuja La Red como una exhibición pornográfica: una cópula interactiva global. La globalización de los intercambios y el fin de la universalización de los valores; la humillación y el terrorismo globalizado. Un texto no excesivamente acertado, aunque el problema está en que yo andaba buscando otra cosa. ¿Algo para curar la ansiedad? ¿Algo quizá para el sueño?

Ahora, al menos, luce el sol con fuerza, vuelven las calles vacías que anticipan la escapada, las nubes blancas, las más inofensivas.

Hay animales que desarrollan un sentido especial para detectar el peligro.

Las nubes blancas, al menos; la cópula interactiva.

Con el paso del tiempo noto que me vuelvo más hermético: animal cibernético de escaso recorrido.

Eso sí: a falta de mejores argumentos.

FUNDAMENTO:

Aquí es difícil mantener, por así decirlo, la cabeza despejada
—ver que tenemos que permanecer en las cosas del pensamiento cotidiano y no caer en el extravío de que nos parezca que tendríamos que describir sutilezas extremas que, sin embargo, en absoluto podríamos describir con nuestros medios. Nos parece como si debiéramos reparar con nuestros dedos una tela de araña.


Ludwig Wittgenstein.

Éste sí: claro y transparente.

Interferencias

Jardín enfermo: la cara oculta de la tierra, a dos pasos, no muy lejos, junto a una boca de riego. Desayuno con Henry Purcell, entre fotografías y gritos amarillos. Almaceno vitaminas como modelos de cristales rotos o vidas previsibles, cristales intactos o vidas justificadas, porque la vida sigue. A fin de cuentas, el Cristo espectacular de Mel Gibson, ¿no es la prueba más evidente de que la vida sigue? Las torrijas, las palmas de olivo, el atraco de un banco en Alicante, ¿no son pruebas suficientes de que la vida sigue? Además, a estas alturas, ¿a quién puede importarle si Ettore Majorana, físico italiano, emigró a la Argentina, se tiró al mar, o se retiró lleno de dudas en un monasterio? ¿Alguien puede pensar verdaderamente que, gracias al progreso, el mundo progresa?

Notas sobre un producto cada vez más complicado. La técnica, el siglo XXI, y sus hijos díscolos; el Profeta, el Consejo de Administración y la vuelta a la Edad Media. Almaceno preguntas. ¿Una cuestión de democracia? ¿El fin de una etapa histórica? ¿Perspectivas de guerra civil en el mundo global? ¿El hombre imitando a la naturaleza?

Helter Skelter. La cara oculta de la tierra, a dos pasos, no muy lejos. Y la vida sigue.

Mejor los análisis, piensan algunos, a ver si al menos despejando la cabeza despegamos. Esta Semana Santa, por ejemplo, entre aventura y aventura de romanos.

Lecturas para vencer al desasosiego.

En un extremo de la mesa, entre otros informes, 11-M, redes para ganar una guerra, de David de Ugarte. Pero no muy lejos, allí donde no llegan los artistas, la tentación del alma extraditada. Chateaubriand y la crítica de la transformación de una época. Memorias de Ultratumba.

Visio smaragdina

La Visio smaragdina, según Henry Corbin, sería la última fase de los estados espirituales cromáticos que se perciben en el estado místico. En este estado, un color absolutamente puro puede anunciar la luz divina.

Maresmer
maresmel vad
valma resdar
mares delmer

escribió Juan-Eduardo Cirlot como un símbolo, y yo estaba disfrutando de esta lectura cuando otro color absolutamente puro me ha devuelto a la dura realidad del extrarradio. Luego, en un ejercicio desacostumbrado de coraje, me he acordado de aquello que me enseñó ya hace tiempo un bueno amigo. Aquello del significado del abandono de una opinión anterior, de cómo en esa ambivalencia sentimental donde se dan la mano una ganancia y un dolor el perdedor (en este caso yo mismo) puede considerarse siempre como el auténtico ganador; y de cómo en este dialogo crítico e ilustrado (tan alejado de estados místicos y luces divinas) al hecho de separarse de una opinión anterior no se le concede ninguna importancia.

La última fase de los estados espirituales cromáticos, esta noche, es una mancha de color mortecino que se ha pegado como una lapa a todas nuestras pantallas. Hay que empezar a vivir de otra manera; acostumbrados a la amenaza doméstica (quizás porque casi nacimos con ella y nunca conocimos un país sin esa sombra) ahora resulta que una nueva y peligrosa amenaza se suma a nuestras habituales preocupaciones. Ahora de nuevo, al menos por unas horas, de manera permanente; alterando la monotonía de los diálogos ilustrados, de los estados místicos y de las luces divinas. En una palabra: que tengo que reorganizar los itinerarios, hijo de la memoria laboriosa, sí, pero también del día a día dislocado, prematuramente angustioso, asociado a la conversación de la pólvora y al sonido de las sirenas nocturnas. Hacer, por ejemplo, como que no me he enterado. La última fase de los estados espirituales cromáticos o una droga lo suficientemente dura como para alcanzar a ver una luz divina.

Las explosiones, tan cerca.

Hipótesis

Hipótesis

A propósito de una interesante nota (¿Quién está detrás?) publicada por mi buen amigo Juan Carlos, en Octaedro.

Lo que hay al otro lado no es humano, o no es del todo humano. Más incluso: lo que hay al otro lado, en algunas ocasiones, está muy lejos de cualquier categoría de humanidad, aunque este último grupo no pierde el tiempo en artículos especulativos o inocentes comentarios.

Volviendo al primer grupo: al otro lado estoy yo, por ejemplo, que soy (o intento ser, al menos) un modelo de humano, pero que también soy, en ciertas ocasiones, un humano conectado a una máquina. Es decir, un humano que está mutando en otra cosa.

Hay días para todo y para todos; pero yo, que de por sí no soy una persona bastante optimista, llego ahora a la siguiente conclusión (o mejor: planteo la siguiente hipótesis): Fabián, de Reflejos, comenta que sería una pena que la máquina (de demostrarse su existencia al otro lado) no fuera humana; pero no podemos asegurar que la post-humanidad vaya a ser mucho peor que la humanidad y quizás nuestra última esperanza sea sólo esto: la posibilidad ilusoria de una transformación en quién sabe qué artefacto, ya sea éste máquina, polvo, divinidad o cosa.

¡Ya está bien de sufrimientos! Para una mejor comprensión del tema, aconsejo encarecidamente la lectura del poema con el que se inicia Las partículas elementales, de Michel Houllebeq.

O, en su defecto, la lectura de las líneas del horizonte a la hora silenciosa del atardecer. A esta hora: cuando son más rojas y más profundas.

Justo ahora.

Sistemas Complejos

Al parecer, aunque yo decida desconectarme (llevo un par de semanas bastante desconectado), alguien sigue, en algún lugar desconocido y por una causa oculta que no se nos revela, empíricamente conectado.

La poesía de la ciencia:

A grandes densidades las fluctuaciones del sistema se tornan periódicas, de modo que cuando todos los individuos se han desactivado, la actividad de uno se propaga en forma de onda coherente a través de todo el sistema. Entre ambos extremos existe una densidad crítica en la que aparece una oscilación coherente, aunque no periódica que una vez más constituye una transición de fase; en ese punto crítico se hace máxima la transmisión de información.

Para obtener un comportamiento global coherente, es preciso que las interacciones entre los individuos den lugar a correlaciones que abarquen el sistema entero y ese orden global emerge en un punto critico, en el filo del caos (ejemplo hormigas y densidad critica).

La complejidad aparece a través de los puntos críticos en las transiciones de fase. Pese a la simplicidad de las reglas empleadas en una simulación de un bosque mediante autómatas celulares las propiedades son las mismas.

Se agradecen los cientos y cientos de líneas dedicadas a suministrar información sobre las causas del desastre, los esfuerzos de los agrimensores solitarios destinados a señalar en los mapas los márgenes y medidas de lo inexplicable. Todo tendrá su explicación, yo no lo dudo, pero cada cual decide su método de sugestión o de engaño, de comprensión o salvación por sistema o lavado de cerebro, y todos tienen, nos guste o no nos guste, su utilidad determinada en el espacio y en la lucha depredadora de los medios, su parte de razón y de alucinación gratuita.

Para Jorge Alvarado Planas (La Estética del Caos), por ejemplo, la propagación de una epidemia en la población no sería el producto de una suma de resultados fortuitos, sino que obedecería en todo momento a la acción de leyes conocibles: las leyes de la Geometría Fractal.

Sin embargo, a mí “fractal” me suena más bien a trozos, a pedazos; pero la ignorancia, en este caso, no puede presentarse como una metáfora. Aunque ganas de hacerlo no me faltan; he leído esta mañana los periódicos y llevaba más de dos semanas sin leerlos. Jürgen Habermas, en el Cultural de El Mundo:

la vulnerabilidad de los sistemas complejos.

El periódico me lo ha regalado mi amigo el camarero, a la hora del desayuno.

Lo he leído entre líneas, como deben leerse los periódicos.

Y después me he mojado como un idiota bajo la lluvia.

La insoportable levedad del weblog

La insoportable levedad del weblog

Sigmar Polke - Der teufel von Berlin.

(Publicado originalmente el 16 de enero de 2004 en el desaparecido Diario del Contradictor.)

Acuso recibo de dos enlaces que, con la amabilidad que le caracteriza, me remite desde su rincón digital el artista vasco Cayetano Lupeña. En pleno proceso de aprendizaje, estos dos interesantes textos me sirven para ampliar conceptos, revisar la correlación de fuerzas en el encaje de bolillos de la realidad virtual, y, principalmente, comprobar una vez más lo que puede dar de sí la denostada interactividad de caracteres.

El primer texto, un bello relato de Michael Ende, nos ilustra con suma sencillez sobre los peligros de la adherencia gratuita por parte de todos a redes reticulares y accesibles, y de los evidentes riesgos que conlleva, una vez asumida esta práctica, desatender las lógicas obligaciones derivadas de la desobediencia. Para comprobar que la red se satura con elementos parasitarios y prescindibles no hay más que visitar este contradictorio diario, y adivinar, con la lectura desinhibida de un investigador primario, la falta de perspectiva de su principal protagonista; que la red se llena con cualquier elemento de aparente utilidad no debería sorprender a nadie: esto es propio de estructuras democráticas donde todo puede tener cabida, y, como en todas las estructuras democráticas, orientaciones y proyectos pueden obedecer a la más peregrina de las decisiones. Mucho más grave resultaría, me parece a mí, eludir la moraleja que ilumina, como una estrella fugitiva, el breve relato de Ende. El protagonista, atrapado en el dilema de elegir la solución a un problema que desconoce, comprende demasiado tarde que para poder vivir con alas es imprescindible ser desobediente. Esto que, para el común de los mortales, puede tener consecuencias devastadoras, parece una obligación sine qua non para todo aquél que se plantee ser artista. Cómo conseguir la capacidad apropiada de desobediencia, no habiendo nacido en el Ampurdá, es cuestión que cada uno deberá resolver por sí mismo; aunque para los nacidos en el Ampurdá, como es el caso de Albert Boadella, la cosa es más sencilla:

"Hay siempre ciertos detalles casuales en la química por los que se encuentra la fórmula. En mi caso resulta que mi familia es de L’Ampurdá y casualmente en esta zona de Cataluña a la gente le encanta llevar la contraria por sistema. Cuando una persona nacida en estas tierras ve a media docena de personas que opina lo mismo sobre un tema, por naturaleza opina lo contrario. Ésta es una reacción higiénica que en el caso de los artistas tiene su importancia pues en el mundo del arte resulta una medida casi esencial. Nosotros los artistas no estamos para hacer de pregoneros de los grandes movimientos ideológicos de la humanidad sino que estamos precisamente para convertir lo que aparentemente es blanco en negro o viceversa. Ésta es la mirada que el ciudadano busca en el artista".

Con la invitación de Cayetano a pasear por este enlace no acaban de verse con total claridad sus intenciones pedagógicas; es con la lectura del segundo texto, un trabajo de David Casacuberta, Profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona, cuando empezamos a comprender la crítica constructiva que nos propone nuestro buen amigo vasco.

David Casacuberta nos invita a descubrir diferencias entre trabajos a primera vista similares, para tratar de comprender las relaciones entre política y arte en red. A partir de las propuestas desarrolladas por Josep Ramoneda y Félix de Azúa para tratar de aclarar dicha relación, Casacuberta nos señala cómo, desde su punto de vista, algunas acciones desarrolladas en la red pueden ser consideradas como arte político, y otras, en cambio, no. Y no seré yo quien polemice, en calidad de Contradictor, con todo un Profesor de Filosofía de la Autónoma barcelonesa, entendiendo además que, en principio, mi amigo Cayetano hace suyas algunas de sus propuestas, y que intentar resumir ciertas consideraciones que me han ido asaltando a partir de una rápida lectura de este texto, resultaría extremadamente precipitado y contradictorio. La idea de Casacuberta podría resumirse en esta cita:

"la forma más apropiada de entender el arte en red es como arte que reflexiona sobre la Red, un arte para el que Internet no sólo es medio de expresión, sino también el tema que se expresa. Internet es, a la vez, forma y contenido"

Si coincidimos con Ramoneda en afirmar que la política es el arte de actuar sobre los hombres en tanto que ciudadanos (actores de la polis), la posibilidad de hacerlo desde Internet sólo se confirmaría respetando su naturaleza central:

"la de ser un espacio para la creación y la discusión colectivas".

Es decir:

"más allá de transmitir mensajes políticos", de lo que se trataría sería de "diseñar espacios democráticos en los que se discute libremente sobre la naturaleza y las funciones del arte y la cultura". "La esencia de lo que es Internet –repite Casacuberta: un espacio colectivo de creación y participación".

Basándose en estos principios, Cayetano nos informa de que el Weblog, en su forma actual, es una herramienta incompleta como forma de arte político. Pero, con ello, Cayetano da por hecho que todavía sea posible hacer arte político, y de que, más allá de las necesidades del individuo (que tendrá que enfrentarse solo, tarde o temprano, a algunas preguntas) es necesario fortalecer la ingente masa de individuos. Algunos hemos llegado muy tarde hasta aquí, y aquí permanecemos incapaces de entender (todavía) todas estas cosas, es decir: encerrados en una única habitación con un único juguete; la pena es que el juguete se nos haya quedado tan rápidamente antiguo. Aunque la imagen del repartidor de octavillas me resulte familiarmente entrañable (es algo que alguna vez hemos hecho a lo largo de nuestras vidas), no resulta sencillo enfrentarse con la posibilidad de que un artefacto con apenas mes y medio de vida deba enfrentarse ya con su sentencia de muerte. Pero éstas son cosas del desarrollo infernal de la informática que, como bien nos enseña Félix de Azúa, no es otra cosa que la metástasis de un proceso en su fase imperial con final desconocido. ¡Quién sabe! Como dice mi buen amigo Juanito, los caminos de la Estética son demasiado... permeables. Aunque la Estética trate de todo lo opuesto a la anestesia, igual ahora que acabo de enterarme de que ya no soy un artista puedo decir que me he quitado un buen peso de encima.